“Caremalo”, le llamaban a las personas serias y desconocidas en el pueblo. La apariencia significaba a muchos la señal para lanzar un prejuicio sobre alguien. Siempre que se generaba un conflicto o problema, los padres de familia echaban una advertencia considerada sabia y preventiva a sus hijos: “con ese no te metas porque tiene caremalo y de pocos amigos.”
De vez en cuando, más de algún cipote pronunciaba la sentencia máxima sobre otro: “a tu mamá le guadecir.” Aunque fuera el más grande de la escuela, cantón o colonia, el temor a ese dictamen casi siempre prevalecía, si aún era hijo de dominio. Las personas adultas aconsejaban a sus hijos de que, en lugar de actuar violentamente, mejor lo acusaran con sus padres.
Esta costumbre poco a poco fue desapareciendo. El miedo a que los padres descubrieran las “maleantadas” que hacían los cipotes se esfumó. Se produjo una pérdida exagerada de valores sociales que llevó a los jóvenes a romper la barrera del respeto y obediencia de sus padres. Ese irrespeto también prevaleció sobre las personas mayores a las que antes se guardaba respeto.
La falta de control ejercida por los padres sobre los hijos permitió -y permite- la degeneración de los mismos. Ahora muchos padres son cómplices de sus hijos en crímenes, actitud contraria a lo que antes practicaba.
La opresión, desigualdad social, guerra y pobreza, falta de acceso a la educación, son los factores que han contribuido a esa ausencia de valores. Las pandillas y criminales juveniles son producto de nuestra sociedad. Son la suma de todos esos factores negativos que la sociedad contiene. Los que se llaman a sí mismos “buenos”, oprimen al pobre. Los que son catalogados como “malos”, son el resultado del sistema desigual formado por los mal llamados “buenos.” Juntos están construyendo una nueva guerra donde prevalecen las injusticias y crímenes que afecta directamente a los que no pertenecen a ninguno de los bandos.
En El Salvador, las leyendas e historias que antes se contaban sobre la Siguanaba y el Cipitío, el Cadejo, la descarnada y la carreta chillona, se cambiaron por historias reales y deshumanizadoras como masacres cometidas por el ejército y la guerrilla, por gobiernos autoritarios, por explotación del pobre, por crímenes y extorciones, violaciones a derechos humanos, miedo a convertirse en víctima de maras y pandillas por la misma inseguridad.
Ante esto no sólo se tiene que pensar en reeducar en valores, sino también en cambiar el sistema económico -a uno más incluyente- y la actualización de la Constitución Política de la Republica que se adapte a los tiempos actuales, ya que aún tenemos una Constitución de guerra. Requiere que los ciudadanos elijan de forma más racional a los diputados, alcaldes y presidentes. Que los salvadoreños se conviertan en jueces que aprueben y condenen el trabajo de los gobiernos para mantenerlos o no en el poder. En fin, como ya casi nadie le teme a la mamá (sólo Will Salgado, el alcalde de San miguel), ni a las leyes establecidas, hay que buscar nuevas formas de control.
BIENVENIDO POR FAVOR DEJA TU COMENTARIO O ENVIALO A aguilarjcb@hotmail.es
sábado, 21 de mayo de 2011
viernes, 13 de mayo de 2011
¿Y HOY, QUIÉN TIENE CAREMALO?
“Caremalo”, le llamaban a las personas serias y desconocidas en el pueblo. La apariencia significaba a muchos la señal para lanzar un prejuicio sobre alguien. Siempre que se generaba un conflicto o problema, los padres de familia echaban una advertencia considerada sabia y preventiva a sus hijos: “con ese no te metas porque tiene caremalo y de pocos amigos.”
De vez en cuando, más de alguno cipote pronunciaba la sentencia máxima sobre otro: “a tu mamá le guadecir.” Aunque fuera el más grande de la escuela, cantón o colonia, el temor a ese dictamen casi siempre prevalecía, si aún era hijo de dominio. Las personas adultas aconsejaban a sus hijos de que, en lugar de actuar violentamente, mejor lo acusaran con sus padres.
Esta costumbre poco a poco fue desapareciendo. El miedo a que los padres descubrieran las “maleantadas” que hacían los cipotes se esfumó. Se produjo una pérdida exagerada de valores sociales que llevó a los jóvenes a romper la barrera del respeto y obediencia de sus padres. Ese irrespeto también prevaleció sobre las personas mayores a las que antes se guardaba respeto.
La falta de control ejercida por los padres sobre los hijos permitió -y permite- la degeneración de los mismos. Ahora muchos padres son cómplices de sus hijos en crímenes, actitud contraria a lo que antes practicaba.
La opresión, desigualdad social, guerra y pobreza, falta de acceso a la educación, son los factores que han contribuido a esa ausencia de valores. Las pandillas y criminales juveniles son producto de nuestra sociedad. Son la suma de todos esos factores negativos que la sociedad contiene. Los que se llaman a sí mismos “buenos”, oprimen al pobre. Los que son catalogados como “malos”, son el resultado del sistema desigual formado por los mal llamados “buenos.” Juntos están construyendo una nueva guerra donde prevalecen las injusticias y crímenes que afecta directamente a los que no pertenecen a ninguno de los bandos.
En El Salvador, las leyendas e historias que antes se contaban sobre la Siguanaba y el Cipitío, el Cadejo, la descarnada y la carreta chillona, se cambiaron por historias reales y deshumanizadoras como masacres cometidas por el ejército y la guerrilla, por gobiernos autoritarios, por explotación del pobre, por crímenes y extorciones, violaciones a derechos humanos, miedo a convertirse en víctima de maras y pandillas por la misma inseguridad.
Ante esto no sólo se tiene que pensar en reeducar en valores, sino también en cambiar el sistema económico -a uno más incluyente- y la actualización de la Constitución Política de la Republica que se adapte a los tiempos actuales, ya que aún tenemos una Constitución de guerra. Requiere que los ciudadanos elijan de forma más racional a los diputados, alcaldes y presidentes. Que los salvadoreños se conviertan en jueces que aprueben y condenen el trabajo de los gobiernos para mantenerlos o no en el poder. En fin, como ya casi nadie le teme a la mamá (sólo Will Salgado, el alcalde de San miguel), ni a las leyes establecidas, hay que buscar nuevas formas de control.
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De vez en cuando, más de alguno cipote pronunciaba la sentencia máxima sobre otro: “a tu mamá le guadecir.” Aunque fuera el más grande de la escuela, cantón o colonia, el temor a ese dictamen casi siempre prevalecía, si aún era hijo de dominio. Las personas adultas aconsejaban a sus hijos de que, en lugar de actuar violentamente, mejor lo acusaran con sus padres.
Esta costumbre poco a poco fue desapareciendo. El miedo a que los padres descubrieran las “maleantadas” que hacían los cipotes se esfumó. Se produjo una pérdida exagerada de valores sociales que llevó a los jóvenes a romper la barrera del respeto y obediencia de sus padres. Ese irrespeto también prevaleció sobre las personas mayores a las que antes se guardaba respeto.
La falta de control ejercida por los padres sobre los hijos permitió -y permite- la degeneración de los mismos. Ahora muchos padres son cómplices de sus hijos en crímenes, actitud contraria a lo que antes practicaba.
La opresión, desigualdad social, guerra y pobreza, falta de acceso a la educación, son los factores que han contribuido a esa ausencia de valores. Las pandillas y criminales juveniles son producto de nuestra sociedad. Son la suma de todos esos factores negativos que la sociedad contiene. Los que se llaman a sí mismos “buenos”, oprimen al pobre. Los que son catalogados como “malos”, son el resultado del sistema desigual formado por los mal llamados “buenos.” Juntos están construyendo una nueva guerra donde prevalecen las injusticias y crímenes que afecta directamente a los que no pertenecen a ninguno de los bandos.
En El Salvador, las leyendas e historias que antes se contaban sobre la Siguanaba y el Cipitío, el Cadejo, la descarnada y la carreta chillona, se cambiaron por historias reales y deshumanizadoras como masacres cometidas por el ejército y la guerrilla, por gobiernos autoritarios, por explotación del pobre, por crímenes y extorciones, violaciones a derechos humanos, miedo a convertirse en víctima de maras y pandillas por la misma inseguridad.
Ante esto no sólo se tiene que pensar en reeducar en valores, sino también en cambiar el sistema económico -a uno más incluyente- y la actualización de la Constitución Política de la Republica que se adapte a los tiempos actuales, ya que aún tenemos una Constitución de guerra. Requiere que los ciudadanos elijan de forma más racional a los diputados, alcaldes y presidentes. Que los salvadoreños se conviertan en jueces que aprueben y condenen el trabajo de los gobiernos para mantenerlos o no en el poder. En fin, como ya casi nadie le teme a la mamá (sólo Will Salgado, el alcalde de San miguel), ni a las leyes establecidas, hay que buscar nuevas formas de control.
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martes, 22 de marzo de 2011
La visita de Obama a El Salvador
"San Salvador fue, por un momento, la ciudad mas segura del mundo", dijo un periodista conocida de una cadena nacional de noticieros salvadoreños.
Con la llegada del presidente de Estados Unidos, se movilizó un gran dispositivo de seguridad el cual perjudicó a muchas personas que transitan a diario por las calles de San Salvador.
Me llamó la atención ver cómo distintos salvadoreños hacian hasta lo imposible por ver al mandatario pasar frente a sus ojos. Algunos fueron obligados por las autoridades a retroceder, desistiendo de su sueño.
Hasta aquí, lo que no comprendo es cómo algunos salvadoreños somos capaces de sufrir agreción por cosas que en verdad, a mi parecer, no valen la pena. Al presidente de USA lo podemos ver en los noticieros sin necesidad de que un policía me agradeda verbalmente.
En fin, cada uno tiene su propia ideosincracia y sabe cómo se maneja en el su día a día. Yo en lugar de querer ver pasar al presidente en un carro con mucha seguridad y con vidrios polidarizados, mejor prefiero ver la tele y tomarme una taza de café para olvidar mi desgracia.
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Con la llegada del presidente de Estados Unidos, se movilizó un gran dispositivo de seguridad el cual perjudicó a muchas personas que transitan a diario por las calles de San Salvador.
Me llamó la atención ver cómo distintos salvadoreños hacian hasta lo imposible por ver al mandatario pasar frente a sus ojos. Algunos fueron obligados por las autoridades a retroceder, desistiendo de su sueño.
Hasta aquí, lo que no comprendo es cómo algunos salvadoreños somos capaces de sufrir agreción por cosas que en verdad, a mi parecer, no valen la pena. Al presidente de USA lo podemos ver en los noticieros sin necesidad de que un policía me agradeda verbalmente.
En fin, cada uno tiene su propia ideosincracia y sabe cómo se maneja en el su día a día. Yo en lugar de querer ver pasar al presidente en un carro con mucha seguridad y con vidrios polidarizados, mejor prefiero ver la tele y tomarme una taza de café para olvidar mi desgracia.
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martes, 21 de diciembre de 2010
QUIERO UN REGALO DE NAVIDAD
BIENVENIDO POR FAVOR DEJA TU COMENTARIO O ENVIALO A aguilarjcb@hotmail.es
Esa posiblemente sea una expresión que se ha generalizado en este fin de año. Muchos la hemos pronunciado y posiblemente exprese una verdad. La pregunta que surge es ¿Por qué siempre queremos algo para navidad? Estrenar ropa, zapatos y un sin fin de cosas.
En este tiempo las ofertas, aparentemente, se disparan. Nos ofrecen esto y lo otro. Es decir, nos vemos bombardeados de publicidad que, muchas veces, termina incidiendo en las decisiones de compra.
Quiero un regalo de navidad es una expresión y un deseo que no nace de nosotros mismos. Es algo inculcado, ya que nos han convertido en personas altamente consumistas. El consumismo no respeta edad, genero, raza ni posición social. Es una manera de manipulación intencionada que se ha se ha creado para generar riquezas/ ganancias.
Todos tenemos derecho a comprar lo que queramos, pero siempre detrás de todo ello está la formación del hábito consumista. En la actualidad, la economía de las familias salvadoreñas puede verse beneficiada por los aguinaldos y las remesas, pero no se puede dejar de lado que muchas de ellas irán destinadas a comprar cosas innecesarias.
A pesar de que cada quien decide qué hacer con su dinero, esta es una manera equivocada de invertir el dinero que nuestros compatriotas ganan con el sudor de su frente allá en el extranjero. Está bien en gastar un poco, pero siempre y cuando se haga con medida, razón y responsabilidad.
Pensemos en el consumismo.
Esa posiblemente sea una expresión que se ha generalizado en este fin de año. Muchos la hemos pronunciado y posiblemente exprese una verdad. La pregunta que surge es ¿Por qué siempre queremos algo para navidad? Estrenar ropa, zapatos y un sin fin de cosas.
En este tiempo las ofertas, aparentemente, se disparan. Nos ofrecen esto y lo otro. Es decir, nos vemos bombardeados de publicidad que, muchas veces, termina incidiendo en las decisiones de compra.
Quiero un regalo de navidad es una expresión y un deseo que no nace de nosotros mismos. Es algo inculcado, ya que nos han convertido en personas altamente consumistas. El consumismo no respeta edad, genero, raza ni posición social. Es una manera de manipulación intencionada que se ha se ha creado para generar riquezas/ ganancias.
Todos tenemos derecho a comprar lo que queramos, pero siempre detrás de todo ello está la formación del hábito consumista. En la actualidad, la economía de las familias salvadoreñas puede verse beneficiada por los aguinaldos y las remesas, pero no se puede dejar de lado que muchas de ellas irán destinadas a comprar cosas innecesarias.
A pesar de que cada quien decide qué hacer con su dinero, esta es una manera equivocada de invertir el dinero que nuestros compatriotas ganan con el sudor de su frente allá en el extranjero. Está bien en gastar un poco, pero siempre y cuando se haga con medida, razón y responsabilidad.
Pensemos en el consumismo.
jueves, 18 de noviembre de 2010
Tontas palabras
Sentado en un rincón de mi champa, en mi soledad, he llegado a pensar que me he vuelto loco. Amores ficticios y desilusiones reales me rodean. Pienso en la inspiración para escribir versos. Versos que no son versos, son palabras vacías que no riman, pero que cifro en un papel con una intención indescriptible.
Escucho el silencio y me pregunto ¿Para qué es el mundo y para qué las personas? Nadie lo sabe.
Ya no quiero pensar. La noche está tenue y las arenas del tiempo caen en la oscuridad como gotas de veneno que se llevan la vida de todos segundo a segundo.
Sí, estoy loco. Pienso en ella, pero no me importa más. Solo son tontas palabras, sí tontas palabras.
La noche me acompaña y me abriga con su frio. Recuerdo el ayer, y también la recuerdo a ella. Sólo sé que era pequeña. Sus labios como pétalos de rosa que acariciaban los míos y me daban su perfume.
Así era ella, muy simpática. El tiempo ha corrido y aún recuerdo el brillo de su mirada que me enloquecía como a nadie. Pero qué más da, sólo son locos recuerdos guardados en el cajón de mi pasado.
Al cerrar mis ojos aún puedo verla, pero sé que no está aquí. No me quiso aunque la quise. Lo sabe, pero no importa.
La noche sigue gritando y yo con ella. El viento canta una canción de soledad y en su son me golpea la nariz con el aroma de mi desilusión. Una vez más me la recuerda. ¡Qué locura la mía!
Tontas palabras. Pobre loco, pobre iluso, pobres versos y pobre existir... (José Aguilar)
Escucho el silencio y me pregunto ¿Para qué es el mundo y para qué las personas? Nadie lo sabe.
Ya no quiero pensar. La noche está tenue y las arenas del tiempo caen en la oscuridad como gotas de veneno que se llevan la vida de todos segundo a segundo.
Sí, estoy loco. Pienso en ella, pero no me importa más. Solo son tontas palabras, sí tontas palabras.
La noche me acompaña y me abriga con su frio. Recuerdo el ayer, y también la recuerdo a ella. Sólo sé que era pequeña. Sus labios como pétalos de rosa que acariciaban los míos y me daban su perfume.
Así era ella, muy simpática. El tiempo ha corrido y aún recuerdo el brillo de su mirada que me enloquecía como a nadie. Pero qué más da, sólo son locos recuerdos guardados en el cajón de mi pasado.
Al cerrar mis ojos aún puedo verla, pero sé que no está aquí. No me quiso aunque la quise. Lo sabe, pero no importa.
La noche sigue gritando y yo con ella. El viento canta una canción de soledad y en su son me golpea la nariz con el aroma de mi desilusión. Una vez más me la recuerda. ¡Qué locura la mía!
Tontas palabras. Pobre loco, pobre iluso, pobres versos y pobre existir... (José Aguilar)
martes, 26 de octubre de 2010
En la celebración del Bicentenario
Hablar de Independencia en El Salvador podría considerarlo un eufemismo. Siempre que se llega el mes de septiembre, todos sacamos de la bodega mental el espiríritu cívico. Lo sacudimos para quitarle el polvo, luego nos vestimos con él y salimos a la calle.
En las escuelas, el estudiantado, se prepara para sallir a las calles a celebrar ese tan recordado evento. Los padres de la patria dicen estar unidos por la independencia y aparecen en los medios hablando de libertades,valores y un sin fin de palabras bonitas.
Los medios de comunicación se unen a la campaña de difundir aquel menssaje cívico para recordarle al pueblo que un día más es libre. La pregunta es ¿independientes de qué? Muchos responden a esa pregunta argumentando que no somos libres, que somos esclavos de los gringos, que el país está vendido y no no temos cómo pagar la deuda pública, que somos pobres.
Otros dicen que la independencia fue por gusto, que no hay resultados positivos, que somos esclavos de las decisiones de los gobiernos, porque no toman en cuenta las decisiones de las mayorías empobrecidas. Y así podemos seguir dando respuestas a esa pregunta, de acuerdo a todo lo que se dice respecto a la independencia.
Para no hablar de la independencia desde un pasado borroso, confuso y complejo, en la actualidad necesitamos un nuevo concepto de independencia que todo el mundo pueda comprender, incluyendo a niños y ancianos. Debemos celebrar la independencia sin afamar a proceres, sino dando énfasis en lo que ahora somos y en lo que podemos llegar a ser.
Dando valor y énfasis a cada individuo, por el mero hecho de ser un ser humano. Debemos celebrar y practicar la independencia todos los dias, a traves de respetar al prógimo, siendo justos con los demás, incluyendo a los sectores ignorados, invisibilizados por el sistema neoliberal, uniendo esfuerzos para hacer de nuestro país algo grandioso. También eligiendo a presidentes, alcaldes y diputados que en verdad muestren preocupacion y deseo de trabajar por el país(ya no eligiendo a los que no trabajan y solo hablan), dejando a un lado los colores partidarios y ejerciendo el voto racional.
Ya se acerca el Bicentenario del Primer Grito de Independencia, el cual dará un realse a la capital salvadoreña. Es una buena oportunidad para resignificar el concepto de independencia. Les invito a que celebremos el Bicentenario tratando de ser mejores personas cada día.
En las escuelas, el estudiantado, se prepara para sallir a las calles a celebrar ese tan recordado evento. Los padres de la patria dicen estar unidos por la independencia y aparecen en los medios hablando de libertades,valores y un sin fin de palabras bonitas.
Los medios de comunicación se unen a la campaña de difundir aquel menssaje cívico para recordarle al pueblo que un día más es libre. La pregunta es ¿independientes de qué? Muchos responden a esa pregunta argumentando que no somos libres, que somos esclavos de los gringos, que el país está vendido y no no temos cómo pagar la deuda pública, que somos pobres.
Otros dicen que la independencia fue por gusto, que no hay resultados positivos, que somos esclavos de las decisiones de los gobiernos, porque no toman en cuenta las decisiones de las mayorías empobrecidas. Y así podemos seguir dando respuestas a esa pregunta, de acuerdo a todo lo que se dice respecto a la independencia.
Para no hablar de la independencia desde un pasado borroso, confuso y complejo, en la actualidad necesitamos un nuevo concepto de independencia que todo el mundo pueda comprender, incluyendo a niños y ancianos. Debemos celebrar la independencia sin afamar a proceres, sino dando énfasis en lo que ahora somos y en lo que podemos llegar a ser.
Dando valor y énfasis a cada individuo, por el mero hecho de ser un ser humano. Debemos celebrar y practicar la independencia todos los dias, a traves de respetar al prógimo, siendo justos con los demás, incluyendo a los sectores ignorados, invisibilizados por el sistema neoliberal, uniendo esfuerzos para hacer de nuestro país algo grandioso. También eligiendo a presidentes, alcaldes y diputados que en verdad muestren preocupacion y deseo de trabajar por el país(ya no eligiendo a los que no trabajan y solo hablan), dejando a un lado los colores partidarios y ejerciendo el voto racional.
Ya se acerca el Bicentenario del Primer Grito de Independencia, el cual dará un realse a la capital salvadoreña. Es una buena oportunidad para resignificar el concepto de independencia. Les invito a que celebremos el Bicentenario tratando de ser mejores personas cada día.
viernes, 15 de octubre de 2010
FE Y ALEGRÍA CELEBRA PRIMER FORO SOBRE CALIDAD EDUCATIVA
Fe y Alegría El Salvador, con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), celebró el Primer Foro de Calidad Educativa en el país. De acuerdo con Antonio Orellana, Coordinador de Educación de Fe y Alegría El Salvador, “el objetivo del foro es reflexionar y compartir con la comunidad educativa sobre la realidad e incidencia de la calidad de la educación en los centros de Fe y Alegría, y el aporte que éstos dan a la sociedad salvadoreña.”
Orellana destacó que “Fe y Alegría ha implementado un proceso de calidad, y los resultados de este proceso son los que se quieren compartir en este foro”. El evento fue realizado como cierre a la semana de ponencias que se impartieron sobre educación, entre el 11 y 14 de octubre, a las que asistieron más de 200 educadores y representantes de diversas instituciones, como el MINED y las universidades del país.
Al Foro asistieron Sandra Alas, Directora Nacional de Gestión Departamental del MINED; Oscar Azmitia, fsc., conferencista internacional y Rector de la Universidad La Salle (Costa Rica); Silvia Sotomayor, Responsable de Programas de Lucha contra la Pobreza y Educación, OTC AECID El Salvador; y el padre Jesús Sariego, Provincial de la Compañía de Jesús; entre otros.
Fe y Alegría consolida su aporte a la sociedad salvadoreña a través de una educación de calidad a niños, niñas y jóvenes de escasos recursos económicos, que asisten a los centros escolares afiliados a la red, compuesta por 22 centros educativos y de formación profesional.
Saúl León, Director de Fe y Alegría El Salvador, expresó que “en la actualidad, alrededor de trece mil niños, niñas y jóvenes se han visto beneficiados en los Centros Escolares y Centros de Formación Profesional de Fe y Alegría en nuestro país.” La inversión realizada ronda el millón y medio de dólares anuales, en aplicación de proyectos de mejora de la educación.
Con esto, Fe y Alegría confirma ser un Movimiento Internacional de Educación Popular y Promoción Social que se interesa en llevar educación a los más necesitados. Por ello, busca generar proyectos y programas encaminados a responder al compromiso ético, político y social que tiene frente a la sociedad. Este compromiso le exige asumir y liderar procesos de mejoramiento de la calidad de vida de las personas con las que realiza su trabajo.
Dicho compromiso conllevó al abordaje de distintas temáticas de interés en el foro. Algunas de ellas: La situación actual de la educación en América Latina; Aprendizajes, retos y desafíos del Sistema de Calidad Educativa en El Salvador; y El Sistema de Mejora de la Calidad Educativa de Fe y Alegría, por mencionar algunos. Al final de la jornada se rindió homenaje al Padre Joaquín López y López, quien fue el fundador de Fe y Alegría en El Salvador.
Orellana destacó que “Fe y Alegría ha implementado un proceso de calidad, y los resultados de este proceso son los que se quieren compartir en este foro”. El evento fue realizado como cierre a la semana de ponencias que se impartieron sobre educación, entre el 11 y 14 de octubre, a las que asistieron más de 200 educadores y representantes de diversas instituciones, como el MINED y las universidades del país.
Al Foro asistieron Sandra Alas, Directora Nacional de Gestión Departamental del MINED; Oscar Azmitia, fsc., conferencista internacional y Rector de la Universidad La Salle (Costa Rica); Silvia Sotomayor, Responsable de Programas de Lucha contra la Pobreza y Educación, OTC AECID El Salvador; y el padre Jesús Sariego, Provincial de la Compañía de Jesús; entre otros.
Fe y Alegría consolida su aporte a la sociedad salvadoreña a través de una educación de calidad a niños, niñas y jóvenes de escasos recursos económicos, que asisten a los centros escolares afiliados a la red, compuesta por 22 centros educativos y de formación profesional.
Saúl León, Director de Fe y Alegría El Salvador, expresó que “en la actualidad, alrededor de trece mil niños, niñas y jóvenes se han visto beneficiados en los Centros Escolares y Centros de Formación Profesional de Fe y Alegría en nuestro país.” La inversión realizada ronda el millón y medio de dólares anuales, en aplicación de proyectos de mejora de la educación.
Con esto, Fe y Alegría confirma ser un Movimiento Internacional de Educación Popular y Promoción Social que se interesa en llevar educación a los más necesitados. Por ello, busca generar proyectos y programas encaminados a responder al compromiso ético, político y social que tiene frente a la sociedad. Este compromiso le exige asumir y liderar procesos de mejoramiento de la calidad de vida de las personas con las que realiza su trabajo.
Dicho compromiso conllevó al abordaje de distintas temáticas de interés en el foro. Algunas de ellas: La situación actual de la educación en América Latina; Aprendizajes, retos y desafíos del Sistema de Calidad Educativa en El Salvador; y El Sistema de Mejora de la Calidad Educativa de Fe y Alegría, por mencionar algunos. Al final de la jornada se rindió homenaje al Padre Joaquín López y López, quien fue el fundador de Fe y Alegría en El Salvador.
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