Hablar de Independencia en El Salvador podría considerarlo un eufemismo. Siempre que se llega el mes de septiembre, todos sacamos de la bodega mental el espiríritu cívico. Lo sacudimos para quitarle el polvo, luego nos vestimos con él y salimos a la calle.
En las escuelas, el estudiantado, se prepara para sallir a las calles a celebrar ese tan recordado evento. Los padres de la patria dicen estar unidos por la independencia y aparecen en los medios hablando de libertades,valores y un sin fin de palabras bonitas.
Los medios de comunicación se unen a la campaña de difundir aquel menssaje cívico para recordarle al pueblo que un día más es libre. La pregunta es ¿independientes de qué? Muchos responden a esa pregunta argumentando que no somos libres, que somos esclavos de los gringos, que el país está vendido y no no temos cómo pagar la deuda pública, que somos pobres.
Otros dicen que la independencia fue por gusto, que no hay resultados positivos, que somos esclavos de las decisiones de los gobiernos, porque no toman en cuenta las decisiones de las mayorías empobrecidas. Y así podemos seguir dando respuestas a esa pregunta, de acuerdo a todo lo que se dice respecto a la independencia.
Para no hablar de la independencia desde un pasado borroso, confuso y complejo, en la actualidad necesitamos un nuevo concepto de independencia que todo el mundo pueda comprender, incluyendo a niños y ancianos. Debemos celebrar la independencia sin afamar a proceres, sino dando énfasis en lo que ahora somos y en lo que podemos llegar a ser.
Dando valor y énfasis a cada individuo, por el mero hecho de ser un ser humano. Debemos celebrar y practicar la independencia todos los dias, a traves de respetar al prógimo, siendo justos con los demás, incluyendo a los sectores ignorados, invisibilizados por el sistema neoliberal, uniendo esfuerzos para hacer de nuestro país algo grandioso. También eligiendo a presidentes, alcaldes y diputados que en verdad muestren preocupacion y deseo de trabajar por el país(ya no eligiendo a los que no trabajan y solo hablan), dejando a un lado los colores partidarios y ejerciendo el voto racional.
Ya se acerca el Bicentenario del Primer Grito de Independencia, el cual dará un realse a la capital salvadoreña. Es una buena oportunidad para resignificar el concepto de independencia. Les invito a que celebremos el Bicentenario tratando de ser mejores personas cada día.
martes, 26 de octubre de 2010
viernes, 15 de octubre de 2010
FE Y ALEGRÍA CELEBRA PRIMER FORO SOBRE CALIDAD EDUCATIVA
Fe y Alegría El Salvador, con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), celebró el Primer Foro de Calidad Educativa en el país. De acuerdo con Antonio Orellana, Coordinador de Educación de Fe y Alegría El Salvador, “el objetivo del foro es reflexionar y compartir con la comunidad educativa sobre la realidad e incidencia de la calidad de la educación en los centros de Fe y Alegría, y el aporte que éstos dan a la sociedad salvadoreña.”
Orellana destacó que “Fe y Alegría ha implementado un proceso de calidad, y los resultados de este proceso son los que se quieren compartir en este foro”. El evento fue realizado como cierre a la semana de ponencias que se impartieron sobre educación, entre el 11 y 14 de octubre, a las que asistieron más de 200 educadores y representantes de diversas instituciones, como el MINED y las universidades del país.
Al Foro asistieron Sandra Alas, Directora Nacional de Gestión Departamental del MINED; Oscar Azmitia, fsc., conferencista internacional y Rector de la Universidad La Salle (Costa Rica); Silvia Sotomayor, Responsable de Programas de Lucha contra la Pobreza y Educación, OTC AECID El Salvador; y el padre Jesús Sariego, Provincial de la Compañía de Jesús; entre otros.
Fe y Alegría consolida su aporte a la sociedad salvadoreña a través de una educación de calidad a niños, niñas y jóvenes de escasos recursos económicos, que asisten a los centros escolares afiliados a la red, compuesta por 22 centros educativos y de formación profesional.
Saúl León, Director de Fe y Alegría El Salvador, expresó que “en la actualidad, alrededor de trece mil niños, niñas y jóvenes se han visto beneficiados en los Centros Escolares y Centros de Formación Profesional de Fe y Alegría en nuestro país.” La inversión realizada ronda el millón y medio de dólares anuales, en aplicación de proyectos de mejora de la educación.
Con esto, Fe y Alegría confirma ser un Movimiento Internacional de Educación Popular y Promoción Social que se interesa en llevar educación a los más necesitados. Por ello, busca generar proyectos y programas encaminados a responder al compromiso ético, político y social que tiene frente a la sociedad. Este compromiso le exige asumir y liderar procesos de mejoramiento de la calidad de vida de las personas con las que realiza su trabajo.
Dicho compromiso conllevó al abordaje de distintas temáticas de interés en el foro. Algunas de ellas: La situación actual de la educación en América Latina; Aprendizajes, retos y desafíos del Sistema de Calidad Educativa en El Salvador; y El Sistema de Mejora de la Calidad Educativa de Fe y Alegría, por mencionar algunos. Al final de la jornada se rindió homenaje al Padre Joaquín López y López, quien fue el fundador de Fe y Alegría en El Salvador.
Orellana destacó que “Fe y Alegría ha implementado un proceso de calidad, y los resultados de este proceso son los que se quieren compartir en este foro”. El evento fue realizado como cierre a la semana de ponencias que se impartieron sobre educación, entre el 11 y 14 de octubre, a las que asistieron más de 200 educadores y representantes de diversas instituciones, como el MINED y las universidades del país.
Al Foro asistieron Sandra Alas, Directora Nacional de Gestión Departamental del MINED; Oscar Azmitia, fsc., conferencista internacional y Rector de la Universidad La Salle (Costa Rica); Silvia Sotomayor, Responsable de Programas de Lucha contra la Pobreza y Educación, OTC AECID El Salvador; y el padre Jesús Sariego, Provincial de la Compañía de Jesús; entre otros.
Fe y Alegría consolida su aporte a la sociedad salvadoreña a través de una educación de calidad a niños, niñas y jóvenes de escasos recursos económicos, que asisten a los centros escolares afiliados a la red, compuesta por 22 centros educativos y de formación profesional.
Saúl León, Director de Fe y Alegría El Salvador, expresó que “en la actualidad, alrededor de trece mil niños, niñas y jóvenes se han visto beneficiados en los Centros Escolares y Centros de Formación Profesional de Fe y Alegría en nuestro país.” La inversión realizada ronda el millón y medio de dólares anuales, en aplicación de proyectos de mejora de la educación.
Con esto, Fe y Alegría confirma ser un Movimiento Internacional de Educación Popular y Promoción Social que se interesa en llevar educación a los más necesitados. Por ello, busca generar proyectos y programas encaminados a responder al compromiso ético, político y social que tiene frente a la sociedad. Este compromiso le exige asumir y liderar procesos de mejoramiento de la calidad de vida de las personas con las que realiza su trabajo.
Dicho compromiso conllevó al abordaje de distintas temáticas de interés en el foro. Algunas de ellas: La situación actual de la educación en América Latina; Aprendizajes, retos y desafíos del Sistema de Calidad Educativa en El Salvador; y El Sistema de Mejora de la Calidad Educativa de Fe y Alegría, por mencionar algunos. Al final de la jornada se rindió homenaje al Padre Joaquín López y López, quien fue el fundador de Fe y Alegría en El Salvador.
sábado, 28 de agosto de 2010
ESTA VIOLENCIA ¿QUIÉN LA VA A PARAR?
Muchos hermanos salvadoreños, centroamericanos, caribeños y suramericanos han buscado por años el tal ansiado sueño americano. La pobreza y las ganas de superación obligan a miles cada día a intentar llegar conquistar ese sueño.
La verdad es que el largo recorrido hacia la tierra donde se dice fluye trabajo y dólares, pone en peligro la vida de nuestros hermanos. Muchos estudios sobre migración han demostrado que individuos con trajes de policía asaltan y matan a los migrantes. Pandillas y otros grupos viven cada día a la espera de despojar de sus pertenencias a los que van en busca del sueño americano.
Las barbaridades a las que son sometidos hombres, mujeres y niños sobran. Es incontrolable. Los guardias fronterizos juegan a la casería con ellos, les disparan a diestra y siniestra, no les importa la vida de nuestros compatriotas.
Mientras tanto, las leyes se endurecen en muchos estados de Estados Unidos. A pesar de que se dice que en ese país no se debe discriminar a nadie, la realidad es que son extremadamente racistas.
Pero continuando con el tema de las barbaries, los medios de comunicación han dado a la luz a un caso que causa consternación y tristeza a muchos de nosotros. Asesinar a 72 personas es peor que estar en medio de una guerra civil.
Ahora todo lo relacionan con traficantes, pero quién sabe que solamente sea una cortina de humo para cubrir la verdad. Haya quien haya sido, demuestra que con sus actos que vivimos una intensa violencia que no sabemos quién la puede parar. La injusticia predomina sobre la justicia, porque la justicia está impregnada de injusticia.
Ojalá los gobiernos un día dejaran a un lado sus propios intereses y crearan una mejor estrategia que permita disminuir la violencia y permita juzgar a los culpables. Además, que cree leyes que protejan a los migrantes y se olviden del racismo.
Lo que planteo es una utopía, pero esta ola de violencia aparentemente es imparable.
La verdad es que el largo recorrido hacia la tierra donde se dice fluye trabajo y dólares, pone en peligro la vida de nuestros hermanos. Muchos estudios sobre migración han demostrado que individuos con trajes de policía asaltan y matan a los migrantes. Pandillas y otros grupos viven cada día a la espera de despojar de sus pertenencias a los que van en busca del sueño americano.
Las barbaridades a las que son sometidos hombres, mujeres y niños sobran. Es incontrolable. Los guardias fronterizos juegan a la casería con ellos, les disparan a diestra y siniestra, no les importa la vida de nuestros compatriotas.
Mientras tanto, las leyes se endurecen en muchos estados de Estados Unidos. A pesar de que se dice que en ese país no se debe discriminar a nadie, la realidad es que son extremadamente racistas.
Pero continuando con el tema de las barbaries, los medios de comunicación han dado a la luz a un caso que causa consternación y tristeza a muchos de nosotros. Asesinar a 72 personas es peor que estar en medio de una guerra civil.
Ahora todo lo relacionan con traficantes, pero quién sabe que solamente sea una cortina de humo para cubrir la verdad. Haya quien haya sido, demuestra que con sus actos que vivimos una intensa violencia que no sabemos quién la puede parar. La injusticia predomina sobre la justicia, porque la justicia está impregnada de injusticia.
Ojalá los gobiernos un día dejaran a un lado sus propios intereses y crearan una mejor estrategia que permita disminuir la violencia y permita juzgar a los culpables. Además, que cree leyes que protejan a los migrantes y se olviden del racismo.
Lo que planteo es una utopía, pero esta ola de violencia aparentemente es imparable.
jueves, 5 de agosto de 2010
NUESTRO EL SALVADOR SIN SALVADOR
En los últimos años, El Salvador se ha visto envuelto en un sinfín de crímenes y hechos que han impactado a sus casi 7 millones de habitantes. No ha sido un orgullo ocupar la primera plana de un periódico o salir en noticieros internacionales por los hechos de inhumanidad que desgraciadamente suceden a diario.
Masacres por aquí, homicidios por allá. ¿Qué es eso? Tal vez sea el resultado de la flojera de los Gobiernos, la fría aplicación de las leyes, la pobreza, el placer, una nueva forma de llamar la atención o un trabajo. En realidad no lo sé. Una vez escuché a un indigente decir que “los hombres hacen cualquier cosa por comer”, refiriéndose al hecho de que la vida de una persona pude valer desde $0.25 centavos hasta más, dependiendo de la importancia que tenga en la sociedad.
En la actualidad, para nadie es desconocido que ahora hasta ir donde el vecino es inseguro. Y eso que, en la mayoría de casos, sólo una pared nos divide. Es una situación que da vergüenza. Si yo fuera presidente haría el intento de saber qué cosas son las quieren los jóvenes pandilleros, a fin de buscarle una salida a sus demandas, porque, a lo mejor, hacen atrocidades para llamar la atención.
Incendiar un microbús con personas a bordo es un hecho repudiable. Antes se decía que las pandillas se disputaban el territorio. Ahora que el país está lleno de ellas ¿qué es lo que pelean? Nosotros no lo sabemos. ¿Será que esto en verdad es algo apocalíptico, que ya no tiene remedio? No sé. Aunque considero erróneo creer que las pandillas son las únicas causantes de violencia. Hay muchas personas que aprendieron estrategias durante la guerra y no sabemos dónde están ni qué hacen.
No quiero dejar de lado la envidia y el odio que se genera entre personas, ricos o pobres. Tal vez por intereses económicos, pasionales, borracheras, drogadicción, juegos de futbol, apuestas, cuestiones doctrinales, en las que pocos se fijan. Ahora, hasta por intentar que se lea la Biblia en las escuelas se ha generado violencia verbal entre líderes religiosos. Imperdonable también. Me gustaría recordarles que sea cual sea su fe, DIOS ES AMOR.
No podemos pedir que cese la violencia si nosotros mismos la generamos; si la tenemos tan a flor de labio, como decía mi abuela paterna. No nos podemos portar amables ni en el trabajo ni en la calle, qué lástima. ¡Con razón Roberto Carlos dijo que quería ser civilizado como los animales! Lastimosamente los humanos que están dotados del sentido de la razón no se pueden civilizar.
Pues si bien la filosofía del salvadoreño es “joder al otro antes de que me joda él a mí”, esa es la causa de la violencia. La tenemos tan arraigada que ya no nos damos cuenta que está dentro de nosotros. Para cambiar algo, debo empezar cambiando yo.
Si espero que el otro lo haga primero así pasaré toda la vida porque nunca sucederá.
No sabemos cuál será el final de la violencia, si es que tiene fin. La verdad es que ya estamos viviendo tiempos insoportables. La violencia ha venido a agravar los problemas que ya teníamos: el desempleo y la pobreza, la contaminación ambiental local, la inseguridad, el temor y la desigualdad, por mencionar algunos.
Lastimosamente, en el Salvador todavía hay políticos que dicen que ellos no son de los que ponen la otra mejía. Les interesa más pasarse tirando indirectas y culpándose, en lugar de trabajar por nuestra herida patria que cada día se desangra más.
Masacres por aquí, homicidios por allá. ¿Qué es eso? Tal vez sea el resultado de la flojera de los Gobiernos, la fría aplicación de las leyes, la pobreza, el placer, una nueva forma de llamar la atención o un trabajo. En realidad no lo sé. Una vez escuché a un indigente decir que “los hombres hacen cualquier cosa por comer”, refiriéndose al hecho de que la vida de una persona pude valer desde $0.25 centavos hasta más, dependiendo de la importancia que tenga en la sociedad.
En la actualidad, para nadie es desconocido que ahora hasta ir donde el vecino es inseguro. Y eso que, en la mayoría de casos, sólo una pared nos divide. Es una situación que da vergüenza. Si yo fuera presidente haría el intento de saber qué cosas son las quieren los jóvenes pandilleros, a fin de buscarle una salida a sus demandas, porque, a lo mejor, hacen atrocidades para llamar la atención.
Incendiar un microbús con personas a bordo es un hecho repudiable. Antes se decía que las pandillas se disputaban el territorio. Ahora que el país está lleno de ellas ¿qué es lo que pelean? Nosotros no lo sabemos. ¿Será que esto en verdad es algo apocalíptico, que ya no tiene remedio? No sé. Aunque considero erróneo creer que las pandillas son las únicas causantes de violencia. Hay muchas personas que aprendieron estrategias durante la guerra y no sabemos dónde están ni qué hacen.
No quiero dejar de lado la envidia y el odio que se genera entre personas, ricos o pobres. Tal vez por intereses económicos, pasionales, borracheras, drogadicción, juegos de futbol, apuestas, cuestiones doctrinales, en las que pocos se fijan. Ahora, hasta por intentar que se lea la Biblia en las escuelas se ha generado violencia verbal entre líderes religiosos. Imperdonable también. Me gustaría recordarles que sea cual sea su fe, DIOS ES AMOR.
No podemos pedir que cese la violencia si nosotros mismos la generamos; si la tenemos tan a flor de labio, como decía mi abuela paterna. No nos podemos portar amables ni en el trabajo ni en la calle, qué lástima. ¡Con razón Roberto Carlos dijo que quería ser civilizado como los animales! Lastimosamente los humanos que están dotados del sentido de la razón no se pueden civilizar.
Pues si bien la filosofía del salvadoreño es “joder al otro antes de que me joda él a mí”, esa es la causa de la violencia. La tenemos tan arraigada que ya no nos damos cuenta que está dentro de nosotros. Para cambiar algo, debo empezar cambiando yo.
Si espero que el otro lo haga primero así pasaré toda la vida porque nunca sucederá.
No sabemos cuál será el final de la violencia, si es que tiene fin. La verdad es que ya estamos viviendo tiempos insoportables. La violencia ha venido a agravar los problemas que ya teníamos: el desempleo y la pobreza, la contaminación ambiental local, la inseguridad, el temor y la desigualdad, por mencionar algunos.
Lastimosamente, en el Salvador todavía hay políticos que dicen que ellos no son de los que ponen la otra mejía. Les interesa más pasarse tirando indirectas y culpándose, en lugar de trabajar por nuestra herida patria que cada día se desangra más.
lunes, 22 de marzo de 2010
CUIDADO CON LUCRARSE DE MONSEÑOR ROMERO

Siempre que se habla en bien de alguien es porque se le admira. Ya sea por lo que dijo, hizo o simplemente, las dos cosas. Muchos salvadoreños y extranjeros admiran a Monseñor Romero. Yo he escuchado y leído un poco sobre su legado.
Antes de todo, me parece importante reconocer el valor que tuvo para enfrentarse al sistema de los años 70s, más aún por ser una época en que la guerra se gestaba. Como aprendí en una clase, era “la preguerra”. Quizá yo no hubiera tenido el valor que Romero tuvo. A lo mejor me hubiera escondido porque soy muy miedoso.
Y como dijo un profesor de una materia que cursé hace dos años, “la historia es la que se encarga de reconocer a los personajes que marcaron un período u época en un país, región o lugar determinado.” Romero ha sido premiado.
Pero el motivo de escribir este texto no es para decir lo que muchos ya dijeron sobre Romero, sino para reflexionar un poco a cerca de las noticias han aparecido en muchos medios escritos y que me han generado un poco de preocupación.
Considero que en los últimos años ha crecido de manera considerable el número de personas que admira a Monseñor Romero y su legado, debido a que la noticia se ha extendido alrededor del mundo. Me atrevo a decir que muchos visitan El Salvador solo para venir a conocer más sobre su historia y legado. Pero la mucha publicidad me ha dado de qué pensar. Los medios escritos han dado mucha información sobre el tema que, al final, más me parece pura publicidad.
Me gustaría recordar un dicho que me enseñó mi abuelo: “la mucha miel empalaga.” Allí radica el problema. Monseñor Romero tiene, y se creó así mismo, una buena imagen: NADIE PUEDE NEGAR SUS BUENAS OBRAS. Y por ello, es que me muestro en contra de la exagerada publicidad que puede tener como fondo llamar turistas u otros objetivos... Alguien puede lucrarse de ello y eso no me parece correcto. Por allí podría iniciar la deformación de la imagen de un personaje salvadoreño que ha trascendido las fronteras.
Se acerca el 24 de marzo. Respetemos su imagen.
jueves, 11 de marzo de 2010
EL CELULAR Y LA SOCIEDAD ACTUAL

Es increíble cómo las nuevas tecnologías han pasado a ser parte imprescindible para el día a día de muchos de nosotros. Las Tecnologías de la Información y la Comunicación son necesarias hasta para que en este momento leas este texto.
Hoy, todo es más rápido. Los correos, las llamadas telefónicas, etc., hacen las cosas mucho más ágiles. Incluso, han venido a desplazar muchos de los inventos antiguos. Recuerdo que antes, en el cantón donde vivo, solo había un teléfono. Las personas hacían grandes colas para esperar su turno. Muchos aprovechábamos para hablar con la persona que tenías a la par.
La vida era un poco más tranquila. No había tanta agitación como ahora. Desde que aparecieron los celulares, la vida es más aislada, más privada y todo es más rápido. Si poseo un celular, es muy probable que me localicen en cualquier hora y lugar. Antes esto no era posible.
Algo tan sencillo como un aparato celular ha logrado minimizar las relaciones interpersonales. Pero el colmo de los colmos no es Estocolmo. El colmo de los colmos es que, en la actualidad, si quiero tener una relación de noviazgo, una aventura sexual, cualquier cosa, el celular me lo permite. Hasta consejos me mandan a través de mensajitos de texto para aconsejarme. Para describir esto no creo correcto decir: ¡es increíble! Porque es más acertado decirlo al estilo árabe: “Maktub”, está escrito.
Hasta las personas que vivimos en condiciones de pobreza poseemos un celular o dos. Yo no me opongo a ello. Todos tenemos derecho a hacer lo que consideremos conveniente. Libre albedrío. Lo que no comparto es que, en casos que conozco, “es más importante tener con saldo el celular que el estómago lleno.” Así como por allí dicen que “no se puede vivir sin radio”, “hoy no se puede vivir sin teléfono celular.”
Pero volviendo a los servicios de que dispongo por poseer celular, puedo decir, que muchos de ellos, directa o indirectamente, contribuyen a deformar las relaciones entre las personas; se planifican asaltos, asesinatos, extorciones, contribuye a que violadores sexuales contacten a sus víctimas, y para que podamos tener novias cibernéticas o del chat, entre otros.
No quiero dejar de lado que muchos accidentes de tránsito han sido por culpa del celular. El mensaje de texto o la llamada tuvo un trágico resultado. Así es nuestra realidad. Lo demás de la historia ya lo sabe usted.
Lo mejor sería que en este nuevo siglo, se implemente a la niñez un uso adecuado del celular. De esa manera, ya no se tendrían tantas escusas a cerca de los efectos negativos que trae consigo el convertirse en un adicto al celular. Claro, esto no quiere decir que todos los que poseemos un celular somos adictos a él, usted lo sabe mejor.
lunes, 9 de noviembre de 2009
TRES MESES EN EL EXILIO

Más de 7mil personas permanecieron refugiados en escuelas y casas comunales de Santa Ana. La erupción del Ilamatepec en 2005 provocó gran destrucción en el cantón Los Planes, en el lago de Coatepeque, en Santa Ana.
Gumersindo Galán se levantó de su cama como la había hecho siempre durante muchos años. Dispuesto a tomarse la acostumbrada taza de café de las 8 de la mañana, el anciano pidió a su esposa, Eduarda, que pusiera el pichel al fuego. El cielo estaba nublado y una brisa fresca movía la copa de los árboles y las huertas que estaban atrás de la casa.
La anciana, de 81 años, llevó la taza de café a la mesa y él sacó un pan francés que había guardado del día anterior y lo puso sobre la taza. Cerró sus ojos y pidió a Dios que bendijera aquello que estaba a punto de consumir. Aún no había terminado de orar cuando una explosión se escuchó a lo lejos. Él siguió rezando.
-¡Chindo, Chindo! Vení ve el cerro, le gritó su esposa. Gumersindo hizo su mayor esfuerzo para levantarse de la mesa a toda prisa sin haber probado el café. “¡Ay Dios mío!, el cerro está reventando. Aquí no queda de otra que ponernos a orar”, dijo el anciano. Los dos esposos se encerraron en el cuarto y pidieron a Dios que los protegiera. De pronto, los gritos de los familiares y vecinos se escucharon afuera, en el patio.
El Apocalipsis
Aquel sábado 1 de octubre de 2005, sin que nadie lo predijera, el volcán Ilamatepec comenzó a hacer erupción. Los más de 7 mil habitantes distribuidos en los 24 kilómetros de periferia del lago de Coatepeque fueron testigos de aquel fenómeno natural. Una gruesa capa de ceniza cubrió el cielo, a tal punto que parecía noche.
-¡Auxilio, papá, auxilio!, grito asustada una de las hijas de Gumersindo. Unas 200 personas del cantón San Juan Las Minas se habían agolpado en el patio de la casa. Luego de haberse escuchado el estruendo, el volcán comenzó a emitir un ruido como el de turbinas de avión. “Era como una gran liberación de aire que aumentaba su fuerza cada segundo”, cuenta Cristina Aguirre, habitante del cantón Las Minas.
El volcán lanzaba rocas y ceniza. El problema era que nadie sabía con certeza dónde caerían. Las rocas encendidas resaltaban entre la ceniza arrojada. Los pobladores observaron destellos de color naranja que bañaban al volcán, lo cual fue confirmado por algunos medios de comunicación al encontrar rocas encendidas en la carretera que conduce al Cerro Verde.
Las 8 de la mañana se convirtió para algunos en un apocalipsis. El miedo y la desesperación provocaron que algunas personas confundieran la erupción del Ilamatepec con el fin del mundo. “Mi papá comenzó a gritar y a pedirle perdón a Dios por haberse apartado de la iglesia. Creyó que todos nos íbamos a morir”, recuerda Melvin Ramos.
La huida
Cuando don Gumersindo abrió la puerta, vio que su casa estaba rodeada por un grupo de personas. Los gritos desesperados de mujeres y niños demostraban la angustia y aflicción que sentían. “Vámonos, vámonos”, le decían. En la zozobra, pocas personas se preocuparon por sus pertenencias y dispusieron salir solo con la ropa que vestían. Además, muchas casas quedaron con las puertas abiertas. “Por la prisa de salir, yo ni ropa me cambié. En el camino me di cuenta de que con un pantalón roto de las rodillas y un chirajo de camisa iba”, narra sonriente el anciano.
Su tez morena y arrugada refleja sus 84 años de edad. Sus cabellos blancos esconden aquella historia que pocas veces ha tenido la oportunidad de contar, pero que la recuerda como si fuera ayer.
Como guiados por un pensamiento diferente, el grupo de personas se dividió en dos. La mitad siguió al anciano y caminaron 3 kilómetros por la calle que conduce a Las Lajas, límite entre Santa Ana y Sonsonate, donde vive una de sus hijas. Al llegar al lugar, descubrieron que un pick up estaba aparcado frente a la casa de su hija, el cual pensaron que los trasladaría hacia El Congo y los pondría a salvo. La otra mitad caminó 4 kilómetros hasta llegar al punto de buses, donde se reunieron con una gran muchedumbre. A simple vista parecían incontables.
Las calles estaban repletas de personas provenientes del cantón Los Planes del Lago de Coatepeque y sus alrededores. Todas compartían el afán de poder salir de aquel lugar. Grandes y chicos gritaban desesperados para que los conductores de los pocos vehículos que circulaban por la zona pudieran ayudarlos. “Nadie quería llevar gente, pero como la gran multitud cubría más de 3 kilómetros de la carretera principal, no podían pasar y se veían obligados a detenerse”, explica Ismael Ávila, uno de los motoristas que ayudó a trasladar a las personas hacia El Congo.
“Ayudé a todos, menos a mi familia”
El reloj marcaba las 8:05am. Mirna Galán, nieta de don Gumersindo, y su novio se conducían en el pick up hacia el lago de Coatepeque cuando recibieron una llamada que los alertó de lo sucedido. Como era su día libre, el novio la había ido a recoger para llevarla a casa. Cuando llegaron al lugar llamado “el mirador”, pudieron observar que sobre el volcán se había formado una figura en forma de hongo y no se podía ver las faldas del cerro, porque estaban cubiertas de humo y ceniza. “Cuando vi que el cerro había explotado, aceleré el carro para llegar lo más rápido que pude y así sacar a la familia de Mirna”, asegura Luis Cerritos.
Llegaron a casa de su novia. Y todo el cantón los Planes estaba oscurecido. La ceniza había cubierto el cielo y el volcán seguía emitiendo fuertes ruidos. Una briza soplaba y una tormenta comenzaba a formarse. En los 12 kilómetros que recorrieron desde el mirador hasta la casa de su novia, observaron a personas que corrían desesperados, otros llorando y a mujeres desmayadas en la calle.
El pick up que encontró don Gumersindo en casa de su hija era el de Luís Cerritos, el novio de Mirna. Ayudar a trasladar a las personas en su vehículo no estaba en sus planes, pero al ver la situación decidió hacerlo lo más pronto que pudo. De repente, una fuerte lluvia comenzó a caer fruto de la erupción volcánica, lo que hacía más difícil la situación. “Cuando llevaba el tercer viaje, se ponchó una llanta delantera del pick up y debajo de aquella gran tormenta me puse a cambiarla, pero nadie de las personas que llevaba me quiso ayudar. Quizás por el mismo nerviosismo”, cuenta cerritos.
Después de realizar cinco viajes de personas, Cerritos recordó que debía ir por su familia, la cual vive en el cantón La Bendición, ubicado en el otro extremo del lago de Coatepeque. Debido a la muchedumbre que se encontraba por las calles, no podía aumentar la velocidad por miedo de atropellar a alguien. “Cuando llegué a mi casa, ya no encontré a nadie. Ya todos se habían ido. Y no andaba ni saldo para llamarles y ver dónde estaban”, testifica.
Fuertes correntadas
Una hora después de la erupción, la ayuda comenzó a llegar. Camiones de la Alcaldía Municipal de El Congo, apoyados por la Policía Nacional Civil, comenzaron a trasladar a las personas hacia las escuelas de Santa Ana y El Congo que servirían como albergues. Pocas personas lograron llevar consigo parte de sus pertenencias. Más que todo, llenaban sacos de pita y nilón con ropa.
Ramón Morales, en la precisión, no se dio cuenta de que el saco blanco de nilón que subió al camión que los trasladaría no era el saco con ropa, sino uno lleno de tuzas que había traído un día antes para darle de comer al caballo. Lo descubrió cuando llegó al albergue.
Un día no bastó para trasladar a la multitud. Las condiciones del clima impidieron que las acciones de rescate pudieran continuar.
A las 8 de la noche, la lluvia que había caído provocó fuertes correntadas que bajaron desde las faldas del volcán. A pesar de eso, la gente seguía intentando salir para ponerse a salvo. Esa noche, la fuerte correntada comenzó a arrastrar árboles, casas y todo lo que encontrara a su paso.
Un camión de la alcaldía de Santa Ana y un pick up de la PNC fueron arrastrados por las correntadas y depositados en el lago, el mismo sábado. Muchos habitantes del cantón Los Planes que no quisieron salir ese día no durmieron a causa del miedo que les provocaba el estruendo generado por las fuertes corrientes de agua.
Al día siguiente, las personas que se habían quedado observaron que algunas casas habían desaparecido y que la calle estaba partida. El paso de vehículos era imposible. Una barranca, de aproximadamente 2 metros de profundidad por 3 de ancho, se había formado a un costado del Complejo Educativo Fe y Alegría La Merced.
El clima empeoró y las labores de rescate se hacían más difíciles porque cada vez que llovía no podía pasarse de un ludo al otro debido a la corriente de agua.
Victoria Barillas, de 80 años, y sus hijos se refugiaron en el cerro del cementerio “el Guacamallero.” Cuenta que desde allá pudo ver cómo las corrientes de agua se llevaban su casa. “Yo grité cuando vi eso y casi me desmayé.” En total pasaron tres días sin comer. Nadie se había percatado de su presencia en el lugar hasta que decidieron bajar al punto de buses.
“Lo más terrible fue el día domingo”, explica Wilfredo Aguilar. Las lluvias provocaron que el caserío Agua Caliente, ubicado dos cuadras antes del turicentro Laja Maya, quedara incomunicado. No había para dónde correr. Fuertes correntadas impedían que los cuidadores de quintas pudieran salir. “Los dueños de las quintas nos habían ordenado que no dejáramos solo porque podían venir personas a robar. Entonces, nos tocó quedarnos”, explica Manuel Ramírez, quien fue auxiliado por un vecino, debido a que el agua había inundado la vivienda.
El domingo 2 de octubre, llovió todo el día. Entre las 8 y 9 de la noche, las corrientes de agua abarcaron grandes dimensiones. Cinco colonias completas desaparecieron. Más de 2 kilómetros de carretera quedaron soterrados.
Los postes del alumbrado eléctrico habían sido derribados por las corrientes de agua y por los árboles que se habían caído. “La tierra temblaba. Y se escuchaba cómo grandes rocas chocaban entre sí. Parecía que el cerro se nos venía encima y eso molestaba los nervios”, recuerda Juan Aguilar, yerno de don Gumersindo.
La vibración de la tierra y el estruendo de la correntada podían ser percibidos a más de 2 kilómetros de distancia. “Yo llegué de trabajar de San Salvador a las 9 de la noche. Aquel ambiente era terrible. Y solo encontré a un vecino que estaba temblando de miedo. Yo, como estaba cansado, me acosté y dije: si me lleva la correntada que me halle dormido, así no voy a sentir”, cuenta Miguel Martínez.
A la misma hora, Emilio Zepeda y su familia salieron en una lancha de madera con rumbo a la isla Teopán. “Aquello daba miedo. Mi padrastro estaba arrepentido de no haberse salido cuando pasaron los de la alcaldía”, recuerda. La correntada de agua pasaba a pocos metros de su casa y temieron que llegara a alcanzarlos. Debajo de aquella gran lluvia, remaron hacia la isla. Envueltos con capas, llegaron a la isla y amarraron la lancha en unos árboles. El nerviosismo era notorio en todos. No pudieron dormir por lo incómodo, ya que toda la noche pasaron sentados en la misma posición, por lo angosto de la lancha.
“Afectó más que los terremotos”
El lunes 3 de octubre, a las 6 de la mañana, Miguel Martínez fue a observar los destrozos que la erupción había provocado. “La colonia que estaba frente al Club Coatepeque había desaparecido. Lo único que había era un gran barranco como de 7 metros de hondo. Y vi que el templo de la Iglesia de Dios había desaparecido. No quedó ni señas”, dijo.
Martínez, de complexión delgada y piel morena, recuerda casi todos los detalles de lo sucedido. Él fue el primero en encontrar a una anciana que fue arrastrada por la corriente. “Cuando vi que la niña Teresa estaba trabada en el alambrado del cerco, corrí a ver y llamé al 911”.
El cantón Los Planes fue el más afectado por la erupción y por la lluvia: quedó irreconocible. “Afectó más que los terremotos de 2001 porque se llevó los cultivos, los árboles, las casas y nos sacó corridos”, comentó Humberto Barrientos.
El retorno
Algunos habitantes del lugar consideran que, en total, fueron 15 días los más críticos.
Gumersindo Galán y su familia estuvieron refugiados en la Escuela Centroamericana, en el municipio de El Congo. En ese albergue había más de 400 personas. La ayuda nunca cesó. Durante el tiempo que permanecieron, no les faltó ropa ni comida. Aunque considera que es estresante estar en un mismo lugar sin poder hacer nada. “Yo lo que hacía era ponerme a hablar con los soldados que prestaban seguridad, para no aburrirme.”
En la primera semana de enero de 2006, tres meses después de la erupción del Ilamatepec, los directores de las escuelas comenzaron a exigir a los refugiados que desalojaran el lugar. A pesar de que muchos no tenían adonde ir, se vieron obligados a desalojar. “La directora de la escuela llegaba con el montón de alumnos y nos decían que nos fuéramos, porque ya iban a empezar las clases. Y como todos los días llegaba a decir lo mismo, la cosa iba en serio”, dijo Gumersindo.
Así fue como el 3 de enero, Gumersindo Galán y su esposa decidieron desalojar el lugar. Temía volver porque no sabía si encontraría su casa después de lo sucedido. “Y como decidí salirme, la mayoría de gente me siguió. Gracias a Dios hallé mi casa parada todavía.”
Un 70% de las personas regresó a vivir al cantón Los Planes, del lago de Coatepeque. Algunos sin tener viviendas. A pesar de que grandes cantidades de tierra cultivable quedó inservible, las personas han tratado la manera de sobrevivir.
Unos pocos fueron beneficiados con proyectos de casas en la Colonia el Trébol y Camones, en Santa Ana. Y los que se han quedado, confían en que el volcán ya no será una amenaza. Al menos durante algunos años.
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